¿La OMS clasificó la quimioterapia como carcinógena? Esto es lo que dice el IARC exactamente

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Circula desde hace años un titular llamativo: «la OMS clasificó la quimioterapia como cancerígena». Como suele pasar, el dato de fondo existe y está publicado por la propia agencia del cáncer de la OMS — pero lo que significa de verdad es bastante más interesante que el titular. Vamos a los documentos originales.

Qué clasificó exactamente el IARC

El IARC (la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer, que depende de la OMS) mantiene las llamadas Monografías, donde clasifica agentes según la evidencia de que puedan causar cáncer en humanos. En el Grupo 1 — «carcinógeno para el ser humano» — figuran varios fármacos usados en quimioterapia y tratamientos oncológicos: ciclofosfamida, melfalán, clorambucilo, busulfán, tiotepa, semustina, el etopósido en combinación con cisplatino y bleomicina, el esquema MOPP, y también el tamoxifeno y la azatioprina (Monografías del IARC, volumen 100A).

No es «la quimioterapia» en bloque: son fármacos concretos, y la clasificación no es ningún secreto — la publica la propia OMS y cualquiera puede consultarla.

Por qué están clasificados así

Porque hay evidencia suficiente, en humanos, de que pueden causar segundas neoplasias años después del tratamiento: sobre todo leucemia mieloide aguda y, en el caso de la ciclofosfamida, cáncer de vejiga. Los números publicados no son menores: un meta-análisis reciente (Scientific Reports, 2023) estima para la ciclofosfamida un riesgo relativo de ~2,9 para cáncer de vejiga y ~2,4 para neoplasias hematológicas; para el melfalán, según la dosis acumulada, el riesgo de leucemia llega a multiplicarse por 12–23. Es un efecto dosis-dependiente, documentado en cohortes de supervivientes.

Esto forma parte — o debería formar parte — de cualquier consentimiento informado. Un tratamiento que puede causar cáncer años después no es un detalle menor, y nadie serio lo niega: lo publica la misma institución que coordina la lucha contra el cáncer.

La famosa cifra del «2,2% de beneficio»

Este dato, que acompaña siempre al titular, tiene un origen identificable: un estudio australiano de 2004 (Morgan y colaboradores, Clinical Oncology) que estimó la contribución de la quimioterapia citotóxica a la supervivencia a 5 años en un 2,3% en Australia y un 2,1% en EE.UU. El estudio es real. Lo que casi nunca se cuenta es qué midió: un promedio sobre todos los cánceres del adulto, incluyendo aquellos donde la quimio ni siquiera es el tratamiento principal (muchos se tratan con cirugía o radioterapia), y excluyendo las leucemias.

Promediar lo diluye todo. La realidad es desigual y conviene decirla entera: en algunos cánceres — testículo, linfoma de Hodgkin, leucemias infantiles — la quimioterapia es la razón principal de tasas de curación altas. En muchos tumores sólidos metastásicos, en cambio, su aporte se mide en meses de vida, con una toxicidad muy real a cambio. Las dos cosas son ciertas a la vez, y ningún promedio único las representa bien.

Y la cifra del «93% mortal»

Esta también circula pegada al titular — y aquí el veredicto es más corto: no tiene fuente. No existe ningún estudio, informe ni estadística oficial detrás. Quien la repite no puede citar de dónde sale, porque no sale de ningún sitio.

La conclusión honesta

La quimioterapia es un tratamiento tóxico, con beneficios muy desiguales según el tipo de cáncer y el estadio, y algunos de sus fármacos pueden causar segundos cánceres — eso dice, literalmente, la clasificación del IARC. La crítica seria a la quimioterapia no necesita cifras inventadas: los datos publicados por la propia OMS ya dan para una discusión adulta.

Si te toca decidir, las preguntas que valen oro con tu oncólogo son concretas: ¿cuál es el beneficio esperado en mi cáncer y mi estadio, en números absolutos y no en porcentajes relativos? ¿Alguno de los fármacos del esquema propuesto está en el Grupo 1 del IARC, y qué riesgo de segunda neoplasia implica a mi dosis? Con esas respuestas sobre la mesa, la decisión informada es tuya — como debe ser.

Fuentes